lunes, 1 de octubre de 2012

Escenas de la novela argentina

  Ricardo Piglia es probablemente el escritor, docente y crítico literario más conocido de la actualidad. Dos son sus obras más conocidas: Respiración artificial y Plata quemada, esta última llevada al cine por Marcelo Piñeyro. En esta ocasión, Piglia conduce un ciclo de cuatro entregas llamado “Escenas de la novela argentina”, producido entre Canal 7 y la Biblioteca Nacional. La idea es reproducir el curso dictado en las universidades de Buenos Aires y de Princeton. 
  En el primer encuentro, el del primero de septiembre, Piglia empieza con la escena del desafío de Lucio V. Mansilla a José Mármol, el escritor de Una escursión a los indios Ranqueles frente al autor de Amalia. En este bloque, cita como otras formas de representar al otro el cuentos de Borges "El simulacro" y la novela de Cortázar El examen. En el segundo bloque charla con María Moreno sobre la escritura de Mansilla y la inversión de la dicotomía "civilización y barbarie" propuesta por Sarmiento. En el último bloque, aprovecha magistralmente las preguntas del público para dedicar su atención, principalmente, a Facundo de Sarmiento. 


  En el segundo programa, el del ocho de septiembre, Piglia comienza relacionando los adelantos tecnológicos (en este caso, el grabador) con las modificaciones en la experiencia narrativa (en especial la tensión entre oralidad y escritura) y se refiere al primer libro del que considera el primer novelista: Silbidos de un vago de Eugenio Cambaceres. En el segundo bloque, conversa con Juan Sasturain sobre Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez; sobre la construcción de este héroe popular a través del folletín y el lugar que ocupa el lenguaje como un espacio de lucha. En el último bloque, nuevamente gracias a las preguntas del público de Puán, se desarrolla el diálogo entre Martín Fierro de José Hernández, Juan Moreira y "La noche de los dones", de Borges, en las intersecciones entre la "pampa" y la ciudad, las conocidas "orillas borgeanas".


 

viernes, 28 de septiembre de 2012

La literalidad en el humor

  La palabra literal se refiere a aquello que se lee o interpreta "al pie de la letra". Esto significa que si yo digo por ejemplo "estaba en llamas cuando me acosté" (García dixit), estoy diciendo, literalmente que estaba prendido fuego cuando me acosté o que soy Johnny Storm (para los más antiguos, la antorcha humana); o si digo "la amiga que me presentaste es simpática", estoy diciendo, en sentido literal, que la amiga que me presentaste es simpática (guiño, guiño).
   El sentido literal se complementa con el sentido figurado para generar ciertos recursos como, por ejemplo, la metáfora. En la metáfora coexisten dos elementos de los cuales uno, que mantiene su sentido literal, le traslada al otro estos sentidos de manera figurada. Para ejemplificar, voy a utilizar la metáfora que más me gusta y que me acompañó durante estos primeros seis años de enseñanza: si yo digo "Riquelme disparó un misil que se clavó en un ángulo" (para los que todavía dudan, vean especialmente los minutos 03:11 -de tiro libre-; 03:47 -de jugada-; 07:27 -de penal-; 08:34 -al rojo- 10:28 -¡de cabeza!- y 12:17 -¡¡infernal!!-; o busquen el gol de tiro libre a Bonano en la Copa Libertadores del 2000). 
  Volviendo al ejemplo, en esta metáfora coexisten dos elementos: la pelota y el misil. El misil mantiene sus características de manera literal, por ejemplo, es potente, veloz, preciso, pero en la metáfora, le traslada estos sentidos a la pelota; entonces, Riquelme no disparó un misil, sino que pateó la pelota de manera tan potente, veloz y precisa que, en sentido figurado, parecía un misil. 
  Cuando hablamos cotidianamente, utilizamos un montón de frases con sentido figurado; el humor literal consiste en entender de manera literal ("al pie de la letra") aquello que se dice de manera figurada. En el libro de Caloi Con el deporte no se juega (Ediciones de la Flor, 1987), se ve a un arquero con un cuchillo en el pantalón y a un delantero con tajos en la cara que le dice a otro: "Abajo de los palos no pasa nada, pero hay que tener cuidado en los centros, cuando sale a cortar". En este caso, cortar un centro significa que el arquero descuelga (otra figura) la pelota en el aire, pero definitivamente, este arquero no lo entiende de esta manera.
  En otro de los chistes (que no voy a escanear porque evidentemente no lo puedo hacer bien), hay un equipo de jugadores negros y uno sólo es blanquito y rubio; el director técnico lo señala y les dice al resto: "A ver si nos entendemos... cuando yo digo «pase al claro» no quiere decir que hay que tirarle la pelota siempre a Méndez...".
  Para aquellos que quieran seguir profundizando en el tema, encontré webeando un blog llamado humor literal de Patricio Corvalán; sí bien a él no lo conozco, el blog puede resultarles interesante. Nosotros nos vemos pronto y que el último apague la luz (¿literal o figuradamente?).

El humor literal nos va a permitir entender cómo funciona el doble sentido. 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Enfrentamientos

  Cuando uno pasa por el predio de Ezeiza donde practica la selección nacional, ve un gran cartel que dice: "Defendemos los mismos colores". Sabemos de qué colores hablamos, lo que genera una duda mayor es frente a qué los defendemos. Hoy se jugó el encuentro entre nuestra selección y Paraguay. Antes de comenzar el partido se escucharon los himnos nacionales. Cuando le tocó el turno al argentino, y mientras uno esperaba escuchar los primeros acordes, se escuchó directamente la parte final, esa que se corea en la cancha como un grito de guerra, acompañado con las estrofas finales: "Oh juremos con gloria morir", repetidas por triplicado.

  Algo similar ocurre con la Copa Libertadores de América. No es raro que los partidos terminen un medio de golpes o, a veces, en verdaderas batallas campales. Lo más paradojico de todo, es que la copa se llama Libertadores de América respondiendo a aquellas grandes figuras que liberaron el continente, como San Martín y Bolivar, cuya idea era unir toda América en una gran república, y esta competencia, por el contrario, se encarga de generar cada vez mayores diferencias y violencia. Por suerte, ahora le cambiaron el nombre a Copa Santander Libertadores, seguramente para evitar que los Libertadores de América siguieran revolcándose en sus tumbas. 

jueves, 6 de septiembre de 2012

Madame Bovary, Gustave Flaubert

“La Bovary c´est moi”
Madame Bovary es una novela sobre una mujer, Emma, que leía vorazmente y anhelaba una vida de hechos gloriosos. Casada con un doctor de provincia, Charles Bovary, ella se encuentra desilusionada: “Antes de la boda, Emma había creído estar enamorada; pero la dicha que hubiera tenido que resultar de este amor no había llegado, por lo cual pensaba que necesariamente se había equivocado. Y trataba de saber qué es lo que la gente quiere decir en la vida real con las palabras dicha, pasión y embriaguez, que había hallado en los libros y le parecían tan hermosas”. El autor ingresa hasta lo más profundo de su personaje y muestra cuáles son las causas que conducen a Emma y a quienes la rodean hacia el adulterio, la lujuria y la desesperación: “Habituada a la calma, su espíritu deseaba lo contrario, lo accidentado”. Emma Bovary defiende, según la mirada romántica de Vargas Llosa, el derecho al placer que niega la sociedad.
“Le mot juste”
Tres palabras definen la forma de escribir de Gustave Flaubert: trabajo, corrección y perfeccionamiento. Escrita durante el 2º imperio de Napoleón III, entre 1851 y 1856, Madame Bovary fue una de las novelas que dieron principio a la narrativa moderna. La palabra exacta, la impersonalidad, la objetividad, la composición rigurosa, el planeamiento, o como define Mario Vargas Llosa al “método flaubertiano: esa lenta, escrupulosa, sistemática, obsesiva, terca, documentada, fría y ardiente construcción de la historia”.
En el cine
Varias fueron las películas que llevaron al cine la historia de Madame Bovary: Jean Renoir en 1933; Carlos Schlieper en 1947; Vincente Minnelli en 1949; Claude Chabrol en 1991; y Tim Fywell en el año 2000.

viernes, 31 de agosto de 2012

La balsa

  El año es 1967. El 2 de mayo, en el baño de La perla del Once, Tanguito y Lito Nebbia componen La balsa: considerada la canción fundacional del Rock Nacional. Muchas controversias generó esta canción: se discutió (se discute) sobre qué aportó cada uno de los autores a la letra y a la música; se discutió sobre a qué se refiere la letra (¿está hablando del faso!!?); sobre la renuencia de ambos compositores a tocarla (uno porque se sintió traicionado; el otro porque se había generado una leyenda negra sobre él); se discute sobre el significado de la palabra "naufragar".
  Los actores de aquellos años cuentan que el término naufragar se utilizaba para referirse a la forma de trasladarse de La perla a La cueva o a Plaza Francia.Naufragar era una forma de recorrer, de andar sin un rumbo fijo ,o por lo menos, naufragar respecto del recorrido establecido por la sociedad. Naufragar fue la forma de fundar un nuevo movimiento musical.
  Algo parecido ocurrió, varios siglos antes, con la Literatura Argentina. En 1569, el fraile Luis de Miranda, luego de llegar a estas tierras con el Adelantado Pedro de Mendoza, escribe desde Paraguay su "Romance elegiaco". Tambien es un texto fundacional, el primero escrito en Argentina sobre tema argentino, donde se cuenta sobre el fracaso de la que intentó ser la primera fundación de Buenos Aires; el hambre que pasaron los fundadores, cómo fue incendiada y su huida a Paraguay:
Trabajos, hambres y afanes 
nunca nos faltó en la tierra
 y así nos hizo la guerra
 la cruel

   Este primer poema sobre la ciudad rioplatense repite el mismo estigma que La balsa: una naufragó en el agua, la otra no pudo ser fundada sobre la tierra. Ambos relatos cuentan una frustración, pero también una derrota: para la ciudad un fracaso, para la generación de músicos argentinos, un derrotero.



viernes, 24 de agosto de 2012

La Literatura Argentina


El jueves 23/08 leí en la página de la Revista de Cultura un artículo que Eduardo Romano escribió por cumplirse los “Cien años de la cátedra de Literatura Argentina”. Allí Romano cuenta la gesta emprendida por Ricardo Rojas, el del Centro Cultural de la calle Corrientes, para demostrar que en cien años de “Historia Argentina” (y un poco más, ya que él empieza desde la colonia), existió suficiente material como para hablar de una Literatura Argentina. Ricardo Rojas es autor de los ocho tomos a los que llamó La literatura argentina. Ensayo filosófico sobre la evolución de la cultura en el Plata (1917-1923), y entre otras aclaraciones, Romano explica que Rojas tiene la “lucidez para admitir que estaba reconstruyendo la producción literaria de una región (la rioplatense) mucho más que la de un país”.
Ricardo Rojas fue una de las figuras que definieron lo que sería la Literatura Argentina. Los escritores que él incluye desde los tiempos de la Colonia son, para decirlo brutalmente, españoles, blancos y letrados. En esta selección Ricardo Rojas deja afuera de la Literatura Argentina a los pueblos originarios (pues los criollos nacidos en esta tierra son descendientes del que llama en su libro homo mediterraneus); deja afuera a los negros y mestizos entre otros (aunque cuando habla de los padres jesuitas incluye alemanes, holandeses, ingleses y otros europeos); deja afuera toda la poesía de tradición oral. Se me podrá objetar que no era su intensión hacer un trabajo tan exhaustivo; responderé: la exhaustividad no fue impedimento para definir la extensísima Literatura Argentina desde la Colonia hasta su tiempo.
 El trabajo de Ricardo Rojas dio sus frutos. Si uno se detiene en los programas oficiales de literatura, dos tríadas sobresalen inmediatamente: la del siglo XIX está conformada por Echeverría (El matadero), Sarmiento (Facundo) y Hernández (Martín Fierro). La del siglo XX por el ABC de la narrativa contemporánea: Arlt, Borges y Cortázar. Esta selección también marca una tendencia: estos autores son hombres (lo que excluye, empezando con las mujeres, todo otro género no masculino); estos autores, como explica Romano, escriben sobre o desde lo que sería Capital Federal, “lo rioplatense” (son casos complejos, sin embargo, los de Sarmiento y Cortázar); estos autores comparten una postura clasista, con claras diferencias entre sí, pero unitaria frente a lo que excluyen.
En algún lugar de casa, bajo alguna pila de libros o revistas, existe una revista Lea cuya nota de tapa consistía en preguntarle a una cierta cantidad de escritores argentinos si existe una Literatura Argentina. Pueden haberse cumplido cien años de la creación de la cátedra de Literatura Argentina; habría que pensar a que nos referimos cuando utilizamos ese término.

viernes, 17 de agosto de 2012

Odiosas comparaciones


Terminaron los Juegos Olímpicos de Londres y considero que hubo una medalla de oro que no fue entregada: la que premia a la mejor respuesta instantánea. En una entrevista televisiva, un periodista le preguntó a Luciana Aymar si estaba orgullosa de que la comparen con Lionel Messi. La capitana de la Selección Nacional de Hockey tomo aire, apuntó y disparó: "Al contrario, él tendría que estar orgulloso de mí". Aplausos de pie y Medalla de Oro.
Es interesante pensar los llamados "lugares comunes". Es común escuchar, cada vez que juega la Selección Nacional de Hockey, la comparación entre Luciana Aymar y Messi. Una comparación consiste en establecer una serie de relaciones de semejanza (y diferencia) entre dos elementos. Si bien es odioso andar comparando, veamos las diferencias y semejanzas entre ambos deportistas.
Si de Juegos Olímpicos hablamos, con la Selección Nacional de Fútbol, Messi logró la medalla de Oro en los Juegos de Pekín 2008. Luciana Aymar nunca llegó al oro, sólo consiguió la medalla de plata en los Juegos de Sídney (2000), las medallas de bronce en los Juegos de Atenas (2004) y Pekín (2008) y nuevamente la plata en Londres.  
En las Copas Mundiales Messi llegó a los cuartos de final en los mundiales de Alemania 2006, donde además le convirtió un gol a Serbia y Montenegro,  y Sudáfrica 2010. Por su parte, Luciana Aymar obtuvo la medalla de oro en la Copa del Mundo de Perth, Australia (2002) y nuevamente el oro en la Copa organizada en Rosario en el 2010. Empaña su desempeño, sin embargo, el bronce conseguido en la Copa del Mundo de Madrid (2006).
Hay quien argumenta con mala intención que algunas comparaciones no tienen valor si se tienen en cuenta ámbitos que no son similares; esto es, si para uno se toman en cuenta los logros en el llamado "torneo doméstico" y para el otro en una competencia internacional. No empaña esta salvedad el gol maradoniano que metió Messi ante el Getafe, por más que sea un equipo que muchos conocen sólo a partir de ese gol. Parece forzado, ya que no es el mismo deporte, afirmar que Luciana Aymar haya anotado también un gol "maradoniano", ante su gente, en el Mundial organizado en el país, a la selección de China, para asegurar el paso a las semifinales.
Menos forzada es la comparación de los premios personales obtenidos por ambos. Messi tuvo un largo recorrido de perfeccionamiento que lo llevó desde el Balón de Bronce del 2007, pasando por el de Plata del 2008, a los Balones de Oro de 2009, 2010 y 2012. Por su parte, Luciana Aymar fue premiada como Mejor Jugadora del Mundo en el 2001, el 2004, el 2005, 2007, 2008, 2009 y 2010.
Una cosa es segura; Luciana Aymar tiene razón: Messi debería estar orgulloso de la comparación.