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martes, 2 de junio de 2020

¿Para qué escribo?

Supongo que esta es una pregunta a la que se enfrenta todo/a escritor/a en algún momento de su derrotero con la literatura.

¿Para qué escribo?

Recuerdo que para poder responderme esta pregunta opté por preguntarle a mis amigos lectores: ¿para qué leés?

La respuesta que me ayudó fue la del padre de un amigo… (una de las características que más me gustan de la literatura es su plasticidad: su respuesta, que nunca llegó a transformarse en un cuento como yo quería, ahora va a servir para ilustrar esta idea)…

“-¿Por qué leo? porque en la literatura encuentro otros puntos de vistas, otras formas de ver las cosas. Imaginate que yo todos los días salgo por la puerta de mi casa y no le doy pelota, y de repente leo en un libro: «al pasar por el umbral de la puerta, el hombre sintió un aroma particular»; y yo con esta tremenda nariz armenia paso mil veces por el umbral de mi puerta y no huelo nada. Pero después de leer eso, ahora, cada vez que cruzo el umbral de mi puerta, paro, siento que despierto, que salgo del modo automático, y me detengo un segundo a oler a ver si yo también puedo sentir algún aroma particular”.

 Entonces, ¿para qué escribo?

Escribo para que otros me lean, porque yo tengo un punto de vista particular, distinto; porque yo tengo una perspectiva particular de las cosas; tengo un estilo personal para compartir esa perspectiva. Obviamente, ese “yo” sos “vos”, y a mí, como escritor, me interesa conocer “tu” forma de ver las cosas, “tu” forma de entender este mundo (que no es tan inteligible como muchos creen).


Particularmente yo tengo una fuerte vocación docente. Por eso con mis cuentos y poemas enseño; estudié una licenciatura en Letras y leí mucho, por eso en mis cuentos y poemas enseño sobre escritura y literatura además de contar historias que a mí me parecen interesantes. Y a esta altura de mi vida, me gustaría compartir todo lo que sé con aquellos/as escritores/as que no quieren hacer de esto una carrera pero sí una vocación. Por esta razón retomé este blog: para compartir mis conocimientos sobre literatura y escritura con todas/os aquellas/os que estén interesadas/os en escribir.

 Hace mucho tiempo (cuando escribir un blog estaba de moda), una persona que no era del palo literario me dijo que no había lugares donde los autores explicaran cómo escribían sus cuentos. Él quería conocer la cocina de la escritura; cómo tal autor tomó tales decisiones. Mi idea para este blog es investigar y compartir las opciones para editar (dado que quiero empezar a editar mis relatos) y compartir la cocina o el taller del escritor: cómo funciona el universo de lo literario y, dentro de lo posible, qué decisiones fui tomando yo ante ciertas circunstancias de mis propios relatos: una cocina de la escritura.

Espero les sea útil…



viernes, 16 de noviembre de 2012

El Género Z



  Hace un tiempo, Ricardo Basurto escribió sobre el Género Z (el que trata sobre Zombies) : "El Género Z, más que ningún otro, pone en perspectiva esta realidad inevitable: todos morimos. (...) La preeminencia de la muerte en el género Z se debe a que se percibe desde distintas perspectivas. (...) La primera es el obvio hecho de que se interactúa con muchos ‘muertos’, lo que hace que sea un tema obligado (...) y es que, como en toda obra dramática, la muerte acecha continuamente a los protagonistas.(...) No es sólo reconocer que en cualquier momento podemos morir, sino que es tener que verlo de frente todo el tiempo. (...) Pero dejando de lado este hecho, (...) hay un aspecto que me parece fundamental: la no muerte. Y no, no es como ser un vampiro que mantiene conciencia, recuerdos, sentimientos y demás. (...) La regla es que la ‘conciencia’ desaparece; el alma se pierde. (...) Pero si incluso somos incapaces de sentir temor, emociones o experiencias, si nos limitamos a existir, ya no seríamos ni eso, seríamos… bueno, zombies. Y es ese el punto que me produce tanta angustia, y creo que es el miedo recurrente de los personajes: convertirse y perder su humanidad, pero sin poder descansar". 
  El último gran suceso relacionado con este género es The Walking Dead, el cómic creado por Robert Kirkman y Tony Moore que lleva más de cien números editados. Sin embargo, la historia se hizo famosa por estos lares cuando Frank Darabont la transformó en una serie de televisión.  Imagino que cuando a Darabont se le ocurrió llevar a la pantalla chica el cómic tuvo que tomar una serie de decisiones relacionadas con la adaptación de la historia; principalmente, sobre cómo mantener el suspenso frente a una historia ya desarrollada. Creo que resulta interesante analizar los puntos de contacto entre la serie y el cómic. Tomo en cuenta las dos primeras temporadas de la serie.
 

“Yo nunca usé realmente mi arma.
No antes de que los muertos dejaran de morirse”
Rick Grimes
  
Los personajes  
   La serie mantiene a la mayoría de los personajes originales: el policia Rick Grimes, su mujer Lori y su hijo Carl. También conserva a su compañero Shane Walsh. Están Andrea, su hermana Amy y Dale Horvath (la forma de agruparlos no es casual). Glenn y los sobrevivientes de la familia Greene: Hershel y Maggie. Morgan y Duane Jones.
Tyresse
Pero también agrega y elimina otros personajes. En el cómic son parte del grupo original Allen, Donna, y sus hijos, los mellizos Ben y Billy. Los mellizos son importantes para la historia de Glenn y Maggie pero, sobretodo, para ayudar al crecimiento de Carl como protagonista (ellos despiertan el lado más oscuro de Carl; el más parecido a su padre). Como si fuera el alter-ego de Tony Moore, Shane muere al final del cómic número 6, precisamente el último que dibuja Moore antes de que Charlie Adlard tome su lugar (con su pluma los personajes cobran una mayor profundidad). A diferencia del Shane de la serie, cuya tensión con Rick es muy bien explotada hasta el final de la segunda temporada, el Shane del cómic muere a manos de Carl… (aunque más adelante Rick…). Inmediatamente luego de su muerte aparecen Tyresse, quien se convertirá en el brazo fuerte y confiable de Rick, junto con su hija Julie y su “novio” Chris: dos personajes altamente misteriosos hasta el momento de su muerte. El personaje de Tyresse condensa  dos elementos de la serie: a Shane (de hecho Tyresse está con Rick cuando Otis hiere a Carl) y a Daryl. Daryl es uno de los personajes exclusivos de la serie y ocupa el lugar de Tyresse (aunque con otro perfil); de hecho ambos tienen una relación con Carol. Este es el momento en el que llegan a la granja Greene. En la serie, toda una temporada se enfoca en encontrar a Sophia. En el cómic, Sophia, promediando el número 104, es una de los cuatro sobrevivientes originales, la única que no sufrió ninguna mutilación, y es la “novia” de Carl. La serie la reemplaza con otro personaje exclusivo: Beth Greene.

Los hechos
 Comentaba antes sobre las formas que tuvo que llevar adelante la serie para mantener el suspenso sin apartarse del “guión” que significa el cómic. La serie retoma hechos que ocurren a lo largo de todo el cómic y los reformula. Resulta interesante cómo expanden ciertos nudos narrativos… no hay que perder de vista que al día de la fecha el cómic cuenta con 104 números y la segunda temporada de la serie sólo abarca las 12 primeros. Darabont mostró gran maestría al mantener vivo a Shane; al dejar libre a Merle Dixon; al ocultar a Sophia en el granero. También demostró mucha capacidad para igualar la última página de los cómics: en cada número, la última página es una bomba que deja al lector enloquecido durante un mes a la espera del próximo. La serie no se queda atrás: deja a Rick atrapado en Atlanta adentro de un tanque; deja la mano de Merle cortada junto a las esposas; mantiene el secreto del granero hasta el final. Es un poco más difícil de encontrar el cómic (aunque se encuentra)… pero la serie no tiene nada que envidiar. Además, para el que pueda hacer el trabajo de comparación, teniendo al cómic de base, podrá ver el estupendo trabajo de adaptación y reelaboración que produce Darabont.

La historia de la mujer zombie que mata Rick en el primer número y capítulo.
 

miércoles, 31 de octubre de 2012

Los nuevos escritores argentinos





El Jueves 25 de octubre Maximiliano Tomas publica para Lanación.com una nota llamada Algunos nuevos escritores argentinos que usted no conoce (y debería conocer). Al mejor estilo Barney Stinson (el personaje de How i met your mother, interpretado por Neil Patrick Harris) yo respondo: “Challenge accepted”.

  Tomas traza un mapa (incompleto) de autores argentinos de la primera década del siglo XXI. Comienza con los pesos pesados: César Aira, Osvaldo Lamborghini, Rodolfo Fogwill, Héctor Libertella, Juan José Saer y Ricardo Piglia.
  Luego agrega a la “generación de narradores nacidos entre los años 50 y 60”: Sergio Bizzio, Martín Kohan, Alan Pauls, Daniel Guebel, Martín Caparrós, Luis Chitarroni, Carlos Gamerro, Fabián Casas y Leopoldo Brizuela.
  La generación nacida en los 70, a la que llama “Nueva narrativa argentina”: Patricio Pron, Félix Bruzzone, Juan Terranova, Iosi Havilio, Natalia Moret, Pedro Mairal, Washington Cucurto, Samanta Schweblin, Oliverio Coelho, Mariana Enriquez, Leonardo Oyola, Hernán Ronsino y Federico Falco.
  Finaliza con la denominada “Novísima literatura argentina”: Sebastián Robles, Selva Almada, Luciano Lamberti, Leonardo Sabbatella, Nicolás Mavrakis, J. P. Zooey, Pablo Farrés, Ariel Idez, Carlos Godoy, Ramiro Quintana y Damián Huergo.
  Mi objetivo será leer a estos autores y completar este mapa de autores argentinos ultra contemporáneos. Está invitad@ quien desee.
 

jueves, 18 de octubre de 2012

Liibook

  Existe una plataforma en Internet en la que se pueden escribir, editar y publicar cuentos, poemas, ensayos o cualquier tipo de texto que uno quiera compartir. Esta editorial-librería virtual se llama Liibook. Lo único necesario es crear un usuario y uno puede acceder a la lectura de los más diversos géneros literarios.
  En particular, siempre quise vivir la experiencia de escribir una obra con el estilo de las novelas de folletín; por entregas, que genere suspenso y apasione al lector. Creo que el formato de liibook brinda una buena oportunidad, en mi caso, para hacerlo. La historia que estoy escribiendo por entregas se llama (por ahora) Caprichos de medianoche y el primer capítulo "Los sonidos de su nombre". Es la historia de dos amantes secretos; por ahora, es todo lo que puedo adelantar. Está invitad@ quien desee.

sábado, 11 de agosto de 2012

Razón o inspiración

El detalle
  Empecé a ir a la primaria cuando vivía en Bella Vista. Estábamos cerca de la Avenida Gaspar Campos, lo que resultó conveniente ya que por ella pasaban las dos líneas de colectivo que bordeaban mi barrio: la 163 y la 303. Estas dos líneas llegaban a todos los lugares importantes. Sin embargo, una vez por mes íbamos a visitar a mi abuela y para llegar a la estación de tren "Puerta 4" nos teníamos que tomar un colectivo que era "un martirio": el 740. Durante años recordé una mínima particularidad de aquellos viajes interminables en la 740, la inscripción del logo y el nombre de la marca de la carrocería: El detalle.

Razón
  Uno de los temas que más discusiones me generaron con otros escritores es el que postula la lucha entre la razón y la inspiración. Siempre me consideré un escritor racional, básicamente porque en mi vida personal intento ser racional, esto es, reflexivo, simétrico y transitivo. 
  La escritura es un trabajo de reescritura; de estructuración, entramado y organización. Cuando el escritor escribe intenta generar una serie de efectos, y para ello, tiene que poseer una tekné que le permita lograrlos. Un ejemplo sencillo: si cuento mal un chiste porque confundo los momentos, el chiste no tiene gracia.
  En otras palabras, como escritor "racional" priorizo más el trabajo que la inspiración; pero ¿qué es la inspiración?

Inspiración
 La inspiración, según los manuales, es esa fuerza que le "llega" al artista y lo impulsa a crear. La invocación a las musas que realiza el bardo para que estas cuenten una historia a través de él.
  En mi caso, la inspiración es el primer momento de toda historia. Cuando voy caminando por la calle, o escucho una conversación, o estoy leyendo, una palabra me llama la atención. Un detalle, un primer elemento que resulta interesante como germen de escritura. Ese es el momento de inspiración, cuando mi cabeza enlaza una cantidad de elementos antes dispersos. Luego llega el momento del trabajo, de la razón: cuando pienso la manera más conveniente para acomodar cada cosa en su lugar. Pero a veces la razón se estanca. Entonces hay que volver al ámbito de la "emoción". Muchas veces recurro a lo que el psicoanálisis podría llamar "asociación libre" o a lo que en terminos de de Saussure me gusta llamar "asociación paradigmática": voy caminando (generalmente al trabajo) y dejo que mi mente piense en una palabra, una situación, o aquello que tengo que resolver. Varias veces, al escribir canciones, me acuesto pensando en esa palabra o rima que me falta, y al despertar aparece.

El equilibrio
   Diego Bonadeo, el padre del ex gordo Bonadeo, en un programa que tenía en Radio Ciudad llamado "Barajar y dar de nuevo", siempre decía que él aborrecía del equilibrio. A pesar de acordar, yo recomiendo alternar ambas formas. Es un buen consejo para aquellos escritores que tienen poco tiempo: escribir (trabajar) sobre la hoja pero dejar aquellos lugares que no puede resolver (el nombre de un personaje, una situación, alguna rima o demás) para esos momentos, generalmente recorridos o viajes (por ejemplo, en la línea 740), en los que puede dejar que su inconsciente trabaje.
  Les dejo para despedirme, un divertido ejemplo de "asociación paradigmática":